viernes, 4 de diciembre de 2009

Sobre la inutilidad

Seamos sinceros. Somos unos inútiles. Supongo que ahora mis atentos y escasos lectores están pensando: "inútil lo serás tú". Sin embargo, esto no elimina lo irrefutable de mi razonamiento. Dejenme explicarme. Con el paso de los años, todos los ciudadanos "civilizados" del planeta nos volvemos cada más incapaces de sobrevivir.

Imaginen que un buen día terminan tipo Lost (pero sin las payasadas metafísicas) en una isla desierta sin la menor tecnología. Ahora sean honestos, ¿serían capaces de encontrar su propia comida? ¿sabrían encender fuego para calentarse? ¿podrían construir refugio con herramientas elementales?. Yo la verdad creo que lo más útil que podría hacer es no oponer resistencia a las bestias locales que quisieran comerme y sentirme feliz de haber colaborado en el increíble ciclo de la vida.

Así que ahora imaginen que ustedes y yo somos los únicos sobrevivientes de una catástrofe que destruye toda tecnología. Definitivamente la humanidad volvería a la era de las cavernas (claro si no sobreviven bestias que nos devoren a todos). No sabríamos ni cómo hacer electricidad, construir casas, fundir metales ni ninguna otra cosas útil sin herramientas a la mano. Somos unos inútiles por más que queramos imaginarnos como el yanqui en la corte del Rey Arturo trayendo la iluminación en la Edad Media (supongo que el ejemplo no sirve si no han leído el libro, leanlo es muy bueno, no vean las adaptaciones de cine que son malísimas).

Y ustedes se preguntarán (si es que no han dejado aún de leer), ¿a qué viene tan deprimente reflexión?. Pues resulta que se deriva de observar diariamente a los alumnos universitarios a los que doy clase. Yo no soy mucho mayor que ellos (unos 12 años, más o menos) pero aún así noto grandes diferencias. Digamos que si yo soy una inútil en el sentido anteriormente descrito, la nueva generación lo es aún más. Sin una computadora e internet no son nada. No saben leer correctamente, no escriben correctamente (usan tantas contracciones que podrían escribir todo este artículo en un mensajito de texto) y no tienen ni idea de cómo hacer cuentas sin una calculadora. No tratan de aprender nada de cultura general porque para ellos no tiene sentido llenar las neuronas de información si la pueden conseguir en wikipedia. Ya sé que sueno como una viejita amargada ( y la neta amargada sí soy, pero no viejita). Sin embargo, todo el asunto que hace darme cuenta que si de veras un buen día alguien destruye algunos de los 5 servidores que hacen que funcione internet, vamos a revivir El Señor de la Moscas.

En fin, de cualquier manera queda esperanza. La verdad es que creo que quedan un par de personas por ahí que son rescatables así que tal vez la humanidad no esté condenada. Bastaría que en caso de un serio desastre no se cometa la idiotez de rescatarme a mí, ¿no creen?

Un saludo a todos, y una disculpa por no escribir en tanto tiempo. Alex: Ya no me regañes!

jueves, 3 de septiembre de 2009

Sobre los malos dias

Esta semana tuve un mal día. ¿Quién no ha tenido un mal día? Ya saben a qué me refiero, a esos días en que la ley de Murphy se cumple más que la ley de la gravedad. Todo comenzó con la tan necesaria pero desquiciante lluvia que cayó sobre nuestra bella ciudad. El tráfico no me dejó llegar a tiempo a una clase, mi auto se quedó sin batería en el lugar menos indicado, un cliente me dejo plantada, recibí malas noticias. En fin, tuve un mal día. La verdad ya para la quinta cosa que te sale mal, y empiezas a reirte de tí mismo. De hecho si lo piensas bien, todo el humor está basado en ver lo mal que lo pasan otros. Miren cualquier comedia en la tele o una película y verán que lo más divertido es ver cómo otros se equivocan, o les descubren las mentiras o son tan tontos que no saben hacer las cosas. Mientras peor le vaya al protagonista más divertido, y que conste que no me refiero al humor negro (mi favorito!).

En fin, aunque suene odiosamente repetitivo: tuve un mal día. Pero la verdad es que por la noche antes de irme a dormir pude contarselo a mi marido y nos reímos mucho. Lo cual significa que nada de lo malo que me pasó ese día fue una tragedia. No se murió nadie, no tuve hambre ni sed, en realidad no pasó nada malo. Estoy segura que millones de personas tuvieron días mucho peores que el mío esta semana. Así que en conclusión, tuve un muy buen mal día. Espero que mis dos lectores (perdón Arturo, tres), hayan tenido una excelente semana. Me despido y les deseo que tengan días geniales y si acaso les va mal, espero de todo corazón que sus malos días sean tan buenos como el mio.

martes, 18 de agosto de 2009

Sobre las princesas

Pido una disculpa a mis dos amables y muy desocupados lectores por no haber escrito durante casi dos meses. He tenido unos meses muy agitados.

Si ustedes tienen contacto con alguna niña menor de 8 años seguramente saben la vida y obra de las princesas de Disney. La mercadotecnia que las rodea es tal que es imposible evitar que nuestras pequeñas criaturas quieran disfrazarse como alguna princesa o comprar ropa alusiva a tan delicados y ñoños personajes. La verdad es que yo soy un poquito amargada, digo, para ser honesta, aunque también me gussta ver a mi niña feliz e ilusionada por tal o cual vestidito.

La verdad es que con mi vástaga de vacaciones no he podido evitar volver a ver de manera repetitiva y extenuante, todas las películas de princesas que Disney y la competencia (llamese Barbie) han producido. Por eso es que ha sido inevitable que mi racional mente se ponga a cuestionar los mensajes detrás de estas inocentes historias.

En primer lugar, esta el simple y evidente hecho de que la única aspiración de las princesas es casarse y que todas lo hacen a muy temprana edad. La Bella Durmiente toma esta crucial decisión el día que cumple los diesciseis años. Por supuesto, esto lo podemos pasar por alto si consideramos el contexto de la historia, después de todo está ubicada en la Edad Media y en ese entonces con una esperanza de vida de 30 años pues una se tenía que apurar en buscar marido.

En segundo lugar está la falta de lógica que tienen los personajes de estas tiernas historias. No sé si han tenido la fortuna de ver la pésima adaptación que hizo Disney del clásico cuento de la Sirenita. Pues bien, en esta historia la gran tragedia es que la linda Sirenita no puede hablar por lo que no es capaz de hacerle saber a tiempo al príncipe que ella fue la bella joven que le salvó la vida. Me pregunto yo si no hubiese bastado con que la hermosa joven tomara un papel y una pluma y le escribiera a su amado cuál era su identidad y le contara lo que la malvada bruja le había hecho. Ya anteriormente en la historia queda claro que la señorita sabe escribir ya que firma con su puño y letra el contrato de la bruja. En fin, supongo que el príncipe ni nadie en el palacio sabía leer. Otra obra donde la lógica brilla por su ausencia es en la versión de la Bella Durmiente. Resulta que la chica caería dormida pinchada por el huso de una rueca el día que cumpliese dieciseis años, por eso las bondadosas hadas cuidan de ella hasta tan esperada fecha, porque si luego se aparece la niña pues ya no le va a pasar nada. Entonces, yo me pregunto, ¿por qué demonios sacan a la pobre criatura al bosque y la llevan al palacio el mero día de su cumpleaños? ¿No podían esperar aunque fuera un día más? Total ya la habían secuestrado tanto año que un día más no hacía diferencia.

Tercero, hay muchos mensajes subliminales que me parecen un poquito negativos.Por ejemplo, la bella película de Campanita tiene el lindo mensaje de no conformarte y hacer aquello en lo que tú eres mejor. La verdad me parece que toda la idea es un poquito mediocre. Resulta que las hadas viven en una sociedad de castas, en la cual, no puedes nunca aspirar a ser algo diferente de aquello que se te asigno al nacer. Segurito que en la India es un hit. Además, las hadas "artesanas" todas son gordas, feas o con algun defecto físico (todas menos Campanita que por eso tiene el derecho de aspirar a ser más).

La verdad es que podría continuar pero ya me tengo que ir a clase, si me siguen la corriente con sus comentarios ya haré una segunda entrega. Una disculpa si alguno de mis dos lectores no ha visto las películas de Disney. Honestamente las recomiendo, vistas con objetividad son todo un estudio antropológico de la sociedad moderna.

jueves, 4 de junio de 2009

Sobre la poesía

Yo no leo poesía. No sabía por qué. Hay algún poema por ahí que me gusta y de hecho fui campeona con el grupo de poesía coral en secundaria, pero no me gusta sentarme a leer un libro de poesía. Hace días un amigo me dijo que hago mal, que debería de leer poesía y me comentó que leer cierto libro le había cambiado la vida.

Realmente no necesito que un libro de poesía me cambie la vida. El mundo es tan poético que no es necesario leer la belleza en papel, basta con observar bien a nuestro alrededor. Esto tal vez les sonara muy cursi para mis estándares, pero es que vivir con niños te hacen darte cuenta de estas cosas. Ayer estaba conduciendo con mi hija en el asiento trasero cuando la vi por el retrovisor que se movía ritmicamente de un lado a otro. Era un día con viento y pasábamos por una avenida con delgados pinos a ambos lados. Le pregunté "¿qué haces?" y ella me contestó: "Estoy bailando con los árboles". ¿Existe una imagen literaria más linda?. Y eso no para ahí, hace ya un tiempo me comentó que le gustaban mucho las nubes porque son los dibujos que hace Dios y le quedan muy lindos.

Apenas esta mañana me dijo que quería quedarse un ratito parada en el sol antes de ir a la escuela porque aún no terminaba de darle los buenos días. Así que ahora sé la razón por la que no leo poesía, porque mi hija la lee para mí. Con todo respeto para los amantes de Neruda y Sabines, creo que seguire leyendo libros de prosa por un tiempo.

Dedicado a Daniel Marcelo con una amplia felicitación por su bebito.

jueves, 21 de mayo de 2009

Sobre las religiones

La gente suele decir que para evitar problemas no se debe de hablar ni de religión ni de política. En términos generales estoy de acuerdo con esta aseveración, sin embargo, creo que lo de evitar problemas no es lo mío. Realmente creo que no hablar de ciertos temas es lo que termina por generar conflictos entre las personas.

Yo he conocido personas de muy diversas religiones gracias a Dios (o a Buda o a Mahoma o a quién ustedes gusten) y la verdad es que discutir con ellos sobre sus creencias es algo que ha enriquecido mi vida. Es muy interesante descubrir que tus valores no son absolutos y que existen personas que ven la vida de una manera completamente distinta. Incluso te ayuda a comprender mejor tu sistema de creencias y valores porque tienes que pensar realmente en ellos para poderselos explicar a otra persona, en especial si tu interlocutor posee una cultura completamente diferente a la tuya. Alguna vez traté de explicarle a una amiga asiática por qué en las iglesias encontraba virgenes con nombres diferentes si en realidad sólo existía la virgen María. Fue un verdadero reto teológico.

Así que honestamente les aconsejo que hablen de religión y de política. La tolerancia comienza por el entendimiento del otro. Los invito a discutir y aprender sobre las religiones, al final es sencillo darse cuenta que no son tan distintas entre sí, todas tienen como objetivo final ayudarnos a ser mejores personas. Nosotros somos los que las echamos a perder.

lunes, 11 de mayo de 2009

Sobre los hijos

Supongo que varios de los que lean esto no tienen hijos pero de todos modos quiero compartir este artículo. Últimamente he estado pensando mucho en la familia, entre reuniones familiares por el encierro de la influenza y el día de las madres, pues uno tenía mucho tiempo para pensar. En una de tantas reuniones estabamos comentando sobre la hija de un conocido y en cierto momento una amiga concluyó "al criarla así, le están haciendo mucho daño a esa niña". Al escuchar esto comenté "todos les hacemos daño a nuestros hijos al criarlos". Por supuesto, el comentario levantó miras suspicaces hacia mi persona, pero estoy acostumbrada, eso sucede con la mayoría de mis comentarios.

Total, que esa conversación me hizo pensar que esa es una verdad que no podemos evitar, todos le hacemos o le haremos daño a nuestros hijos al criarlos. Y eso incluye daño físico y psicológico, y que conste que no hablo de que los maltratamos, sino que todos vamos a cometer mil errores. Para empezar, el típico que se te cae el bebé de la cama. A todos se nos ha caído un bebé de la cama, yo creo que incluso a la Virgen María se le cayó Jesús de la cama aunque el evangelio omita tan embarazoso detalle.

En lo psicológico es aún peor, cada vez que los regañamos o los ignoramos por estar ocupados en otra cosa no podemos evitar pensar si les estamos causando algún serio trauma. Luego cada vez que encendemos la tele o escuchamos el radio oímos una infinidad de consejos de pseudo terapeutas familiares que nos explican confusas reglas para criar hombres y mujeres de bien. De verdad, si tienes hijos, lo peor que puedes hacer es ver o escuchar esas cosas, lo más seguro es que lo que digan sea todo lo contrario a lo que tú haces así que nada más te vas a sentir culpable el resto del día.

Sucede que no sólo la salud mental de nuestros hijos está en riesgo, también está la salud mental de los padres. El sentimiento de culpa que se puede llegar a acumular es mucho porque nunca se puede saber si lo que estas haciendo está bien. No es como que corregir a nuestros hijos sea un examen y al terminar baje Dios y nos diga cuál fue nuestra calificación y nos dé el manual para que a la próxima pasemos la prueba. Usualmente en las cosas de la vida hay un resultado que te indica si lo hiciste bien, si es un negocio pues ganas dinero, si es en la escuela apruebas y así, pero el tener hijos es algo en lo que siempre vas a ciegas y seguiras a ciegas toda la vida con la esperanza que al final tus hijos te aprecien lo suficiente como para visitarte cuando estes viejo.

En mi opinión como ya dije no importa cuánto lo quieras evitar, cuánto te prepares, cuanto leas o te asesores, por más que vayas a cuanta escuela de padres te encuentres, siempre, siempre, vas a hacerle algo de daño a tus hijos. Así que resignate, tus papás tampoco fueron perfectos y tú sobreviviste y te educaste, digo, mínimo sabes leer. Así que es mejor que disfrutes ser padre o madre y te quites de encima el estrés de la perfección. Para aquellos que tengan hijos mucho ánimo y que sigan disfrutando esta inescrutable, ingrata y maravillosa aventura de ser padres. Para aquellos que aún no los tienen, creanme que deberían animarse porque esto de echar a perder pequeños seres humanos vale muchísimo la pena.

viernes, 1 de mayo de 2009

Sobre la influenza

¿De qué otra cosa se puede hablar en estos días de claustro obligatorio y psicosis colectiva? La verdad ni sé de medicina ni de nada que se le parezca así que no me uniré a los útiles intentos de nuestras autoridades, candidatos y conocidos por darnos a conocer toda la información para prevenir y combatir este mal que nos aqueja. En realidad, quiero comentar los efectos que la epidemia ha tenido en mi salud mental, la cual de por si era escasa.

Es que si no nos mata la epidemia, nos va a matar el aburrimiento. Que conste que apoyo por completo la alerta epidemiológica, pero no cabe duda que esto del encierro no resulta del todo sano. Los afortunados como yo que tenemos hijos, ya estamos al borde de la histeria porque no sabemos qué hacer con ellos. Toda nuestra vida esta planificada alrededor de esas hermosas horas en las que los enanos están en la escuela. Con ellos en casa hay que idear mil y un formas para que se mantengan ocupados. Lo más sencillo es prender la tele y dejarlos que se frían el cerebro todo el día o dejarles que jueguen Halo hasta que se duerman. Sin embargo, todo padre que sigue este camino termina por escuchar esa pequeña voz dentro de sí que le dice que "eso no es sano para los niños". Malditos sean todos los cursos para padres, psicológos de radio, consejeros y similares que nos han metido esas tontas y responsables ideas en la cabeza. Por tanto, debido a tan añejado sentimiento de culpa, nos vemos en la necesidad de idear actividades productivas para que realicen nuestros vástagos porque si simplemente les decimos que no pueden ver tele, lo más seguro es que las actividades que a ellos se les ocurran impliquen un considerable daño a nuestros inmuebles y/o intervención policial.

Además del aburrimiento, se ha incrementado considerablemente el grado de paranoia citadina. Ayer mi madre me comentó que no quiere salir de su casa, pero no por miedo al contagio, sino porque dice que con tapabocas no le puede ver la cara a las personas y se le "figura" que todos son asaltantes. En general este asunto del uso del tapabocas supongo que es muy útil pero genera una dinámica social extraña. Si no lo traes puesto de entrada nadie se te acerca y si toses ya olvidate, eres parte de la dimensión desconocida. Pero si lo traes puesto la cosa no mejora, porque aunque trates de ser amable y de sonreir a los demás pues ni quién se entere que estas sonriendo y todo el mundo te mira con desconfianza.

En conclusión creo que lo mejor es encerrarse con las personas que uno más quiere y lo cual te asegura un mínimo de contacto humano. Aunque el aburrimiento te pueda llevar a conflictos interpersonales más díficiles de resolver en el largo plazo. Si acaso te topas con la mala fortuna de vivir solo pues trata de mantenerte ocupado porque no hay nada peor que tener tiempo para pensar en las cosas en las que siempre debiste haber pensado.

Esperemos que este asunto de la alerta pase pronto y las cosas vuelvan a la normalidad para que la poca lucidez que nos queda se conserve. Lo bueno es que ahora tendremos algo más que contarle a nuestros nietos (si acaso llegamos y la influenza no nos gana antes claro). Les deseo a todos unos felices días de pandemia y mucha salud.

viernes, 17 de abril de 2009

Sobre las ventanas

Ya lo sé. No vengo al caso esperando que alguien pierda el tiempo leyendo mi blog cuando hablo de cosas tan intrascendentes como las ventanas. Pero de verdad las ventanas son algo fascinante, dejenme explicarles.

Una ventana crea desde un punto de vista psicológico una barrera protectora que nos permite hacer mil cosas. Cuando vivía en el Distrito Federal, y supongo que algunos que hayan tenido el placer se sentiran identificados, alquilaba un departamento en un conjunto de edificios, los cuales estaban pegados entre sí a más no poder. Desde la ventana de mi cocina podía claramente ver la recámara del vecino. Mientras yo lavaba trastes por la noche, al levantar la vista siempre lo veía estudiando acostado en su cama. Por supuesto que él también me veía, pero como nos estabamos viendo a través de una ventana ni él ni yo nos saludabamos en lo absoluto. El estarlo viendo o él a mí era una violación a la intimidad del otro que ninguno estaba dispuesto a reconocer abiertamente con un saludo. De hecho, me resultaba muy curioso que a través de las ventanas yo conocía la vida y obra de todos los vecinos del edificio de enfrente pero si me los encontraba en el pasillo no nos dabamos ni los buenos días.

La transparencia de un vidrio nos da una cierta sensación de propiedad privada, de espacio separado aunque todo el mundo tenga acceso visual a él. Sólo basta con mirar a los otros coches cuando te toca la luz roja del semáforo. Alguien debería decirles a las personas que TODO el mundo puede verlos hurgarse la nariz mientras conducen. La gente hace cosas inverosímiles en su coche que no haría en ningún otro lado "público". A ninguna chava se le ocurriría sacar una cuchara a mitad del restaurante para enchinarse las pestañas o ponerse a cantar a todo volumen mientras sigues el ritmo con las manos. ¿Por qué nos deshinibe tanto algo tan simple como una ventanilla?

Como pueden ver las ventanas son un invento fascinante de la humanidad. Nos permiten conocernos unos a otros y a la vez mantenernos aislados del mundo exterior. Así que la próxima vez que vean al vecino por la ventana, no se sordeen, saludenlo, igual y se hacen amigos. Aunque el otro resultado probable es que los tachen de fisgones, pero bueno, a quién le importa.

lunes, 6 de abril de 2009

Sobre las amistades

No se preocupen, no pienso escribir un rollo mareador sobre el valor de la amistad. Aunque supongo que aquellos que me conocen tampoco esperaban eso. Sólo me gustaría comentar sobre algo que tal vez han experimentado con sus amistades, y que conste que no hablo de los conocidos, sino de los amigos que uno de verdad aprecia.

Resulta que he descubierto que cada vez me da más flojera hacer amigos. ¿No les ha pasado? A mí me encanta conocer gente nueva y la verdad he tenido la oportunidad de conocer gente muy interesante en mi vida. El problema viene cuando quieres que se conviertan en tus amigos. Al pasar de los años el proceso se vuelve cada vez más complicado.

Yo por diversas razones he tenido que mudarme de país, de ciudad y de ambientes más de un par de veces en mi vida adulta. Por eso me he dado cuenta de que existe una ley sobre la creación de amistades. El tiempo que debes dedicar en convertir a alguien en tu amigo es directamente proporcional a tu edad. Cuando eres adolescente para que alguien sea tu amigo hay que dar algo así como tres explicaciones: tu nombre, tu edad y tu teléfono (o e-mail). Cuando creces un poco más para que alguien se considere tu amigo debes darle más explicaciones: tu nombre, si eres casado, donde vives, donde estudiaste, cuántos hermanos tienes. Y ya cuando tienes tu propia familia para que alguien sea tu amigo le tienes que contar toda tu vida con detalles. La verdad con el tiempo se vuelve tedioso. ¿Cuántas veces han tenido que repetir dónde conocieron a su pareja? ¿o el nacimiento de sus hijos? o cualquiera de esas historias que sus amigos de "toda la vida" ya saben. Por eso les digo que de repente ya da flojera hacer nuevos amigos.

Seguramente les ha pasado que dicen algo así como "con el frío me duele el hueso que me lastimé en el accidente" y entonces sus amigos nuevos dicen "¿cuál accidente?". Y entonces recuerdas que a estos compadres no les habías contado y ahí vas con la historia que has repetido por enésima vez. No me tomen a mal el comentario, ya sé que sueno un poquito amargada, pero hay veces que uno extraña estar rodeado de gente que ya te conoce.

Aunque lo de estar con tus amigos de años también resulta después contraproducente. Uno a veces termina por caer en la tentación de sólo hablar del pasado y de los momentos compartidos años atrás como si fueran geniales. Con los amigos de "toda la vida" lo que sucede es que la vida ha dado tantas vueltas que ellos te conocen pero a veces ya no te comprenden. A veces por más que los quieras ya no tienes nada en común con ellos, aunque le des gracias a Dios por saber que están ahí para cuando los necesites.

Por último, quería comentar sobre las amistades a distancia. Esas que no ves en años y que lo único que sabes de ellos es lo que suben en el facebook. A veces la relación con ellos es más sencilla, no creen?. Sabes que si buscan tu perfil y miran tus fotos es porque a pesar de la distancia todavía se preocupan por tí ( o son muy chismosos).

En fin, mi sabio consejo es, conserven a sus amigos de lejos (asegurense de darle su password de mail y facebook a alguien para que les avisen cuando se mueran porque sino ni quien se entere), traten de visitar y compartir experiencias con sus amigos de "toda la vida"; y siempre traigan consigo una pequeña hoja resumen de sus vidas para entregarla a todas las personas que quieran convertir en sus amigos. Eso les va a ahorrar mucho tiempo. Creo que voy a empezar a escribir la mía.

Bienvenidos a mi blog

He creado este blog para escribir cosas cuando se me ocurran. En realidad no tiene un objetivo claro, no pretende salvar al mundo, ni a las ballenas ni reducir el calentamiento global o alguna de esas cosas que nada más nos preocupan cuando vemos un documental de National Geographic. Simplemente sucede que desde que tengo hijos me da por escribir las cosas que se me ocurren y lo hago en hojas sueltas por toda la casa. Así que he decidido que en vez de andar desperdiciando papel (ya ven sí soy un poquito ecológica) es mejor empezar un blog para escribirlas. Claro que en realidad no sé mucho sobre internet así que no esperen demasiado en un principio.

Sé que los que están leyendo esto en realidad lo hacen porque son mis amigos y ojalá que de vez en cuando puedan compartir conmigo mis pensamientos y los suyos. La mayor parte de mis amigos están lejos y por una razón u otra, ya no tenemos contacto. Así que espero que este también sea un medio para compartir algo más que cadenitas de la buena fortuna y fotos de cumpleaños a los que no hemos podido asistir. Si acaso algún despistado que no es mi amigo lee esto, lo invito a compartir también sus pensamientos y quién sabe, tal vez algún día pueda estar en mi lista de amigos que nunca veo.

Sandra Patricia Escalera González