viernes, 1 de mayo de 2009

Sobre la influenza

¿De qué otra cosa se puede hablar en estos días de claustro obligatorio y psicosis colectiva? La verdad ni sé de medicina ni de nada que se le parezca así que no me uniré a los útiles intentos de nuestras autoridades, candidatos y conocidos por darnos a conocer toda la información para prevenir y combatir este mal que nos aqueja. En realidad, quiero comentar los efectos que la epidemia ha tenido en mi salud mental, la cual de por si era escasa.

Es que si no nos mata la epidemia, nos va a matar el aburrimiento. Que conste que apoyo por completo la alerta epidemiológica, pero no cabe duda que esto del encierro no resulta del todo sano. Los afortunados como yo que tenemos hijos, ya estamos al borde de la histeria porque no sabemos qué hacer con ellos. Toda nuestra vida esta planificada alrededor de esas hermosas horas en las que los enanos están en la escuela. Con ellos en casa hay que idear mil y un formas para que se mantengan ocupados. Lo más sencillo es prender la tele y dejarlos que se frían el cerebro todo el día o dejarles que jueguen Halo hasta que se duerman. Sin embargo, todo padre que sigue este camino termina por escuchar esa pequeña voz dentro de sí que le dice que "eso no es sano para los niños". Malditos sean todos los cursos para padres, psicológos de radio, consejeros y similares que nos han metido esas tontas y responsables ideas en la cabeza. Por tanto, debido a tan añejado sentimiento de culpa, nos vemos en la necesidad de idear actividades productivas para que realicen nuestros vástagos porque si simplemente les decimos que no pueden ver tele, lo más seguro es que las actividades que a ellos se les ocurran impliquen un considerable daño a nuestros inmuebles y/o intervención policial.

Además del aburrimiento, se ha incrementado considerablemente el grado de paranoia citadina. Ayer mi madre me comentó que no quiere salir de su casa, pero no por miedo al contagio, sino porque dice que con tapabocas no le puede ver la cara a las personas y se le "figura" que todos son asaltantes. En general este asunto del uso del tapabocas supongo que es muy útil pero genera una dinámica social extraña. Si no lo traes puesto de entrada nadie se te acerca y si toses ya olvidate, eres parte de la dimensión desconocida. Pero si lo traes puesto la cosa no mejora, porque aunque trates de ser amable y de sonreir a los demás pues ni quién se entere que estas sonriendo y todo el mundo te mira con desconfianza.

En conclusión creo que lo mejor es encerrarse con las personas que uno más quiere y lo cual te asegura un mínimo de contacto humano. Aunque el aburrimiento te pueda llevar a conflictos interpersonales más díficiles de resolver en el largo plazo. Si acaso te topas con la mala fortuna de vivir solo pues trata de mantenerte ocupado porque no hay nada peor que tener tiempo para pensar en las cosas en las que siempre debiste haber pensado.

Esperemos que este asunto de la alerta pase pronto y las cosas vuelvan a la normalidad para que la poca lucidez que nos queda se conserve. Lo bueno es que ahora tendremos algo más que contarle a nuestros nietos (si acaso llegamos y la influenza no nos gana antes claro). Les deseo a todos unos felices días de pandemia y mucha salud.

2 comentarios:

  1. Hola de nuevo, yo pensé que para ahora ya tendrías muchísimos post! sobre todo ahora que están todos encerrados.

    En cuanto a actividades opcionales, no pueden salir así a un cerro o lugar natural en donde no haya gente? así no se pueden contagiar no?

    He reabierto mi blog porque estoy pensando en empezar uno nuevo, o seguir con el mismo, todavía no lo sé.

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  2. lo peor de todo, es que esa vez no habia tantos casos.. u.u, esperemos que pasa en estos dias donde se escucha sin fin de cosas!
    un saludo

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