jueves, 21 de mayo de 2009

Sobre las religiones

La gente suele decir que para evitar problemas no se debe de hablar ni de religión ni de política. En términos generales estoy de acuerdo con esta aseveración, sin embargo, creo que lo de evitar problemas no es lo mío. Realmente creo que no hablar de ciertos temas es lo que termina por generar conflictos entre las personas.

Yo he conocido personas de muy diversas religiones gracias a Dios (o a Buda o a Mahoma o a quién ustedes gusten) y la verdad es que discutir con ellos sobre sus creencias es algo que ha enriquecido mi vida. Es muy interesante descubrir que tus valores no son absolutos y que existen personas que ven la vida de una manera completamente distinta. Incluso te ayuda a comprender mejor tu sistema de creencias y valores porque tienes que pensar realmente en ellos para poderselos explicar a otra persona, en especial si tu interlocutor posee una cultura completamente diferente a la tuya. Alguna vez traté de explicarle a una amiga asiática por qué en las iglesias encontraba virgenes con nombres diferentes si en realidad sólo existía la virgen María. Fue un verdadero reto teológico.

Así que honestamente les aconsejo que hablen de religión y de política. La tolerancia comienza por el entendimiento del otro. Los invito a discutir y aprender sobre las religiones, al final es sencillo darse cuenta que no son tan distintas entre sí, todas tienen como objetivo final ayudarnos a ser mejores personas. Nosotros somos los que las echamos a perder.

lunes, 11 de mayo de 2009

Sobre los hijos

Supongo que varios de los que lean esto no tienen hijos pero de todos modos quiero compartir este artículo. Últimamente he estado pensando mucho en la familia, entre reuniones familiares por el encierro de la influenza y el día de las madres, pues uno tenía mucho tiempo para pensar. En una de tantas reuniones estabamos comentando sobre la hija de un conocido y en cierto momento una amiga concluyó "al criarla así, le están haciendo mucho daño a esa niña". Al escuchar esto comenté "todos les hacemos daño a nuestros hijos al criarlos". Por supuesto, el comentario levantó miras suspicaces hacia mi persona, pero estoy acostumbrada, eso sucede con la mayoría de mis comentarios.

Total, que esa conversación me hizo pensar que esa es una verdad que no podemos evitar, todos le hacemos o le haremos daño a nuestros hijos al criarlos. Y eso incluye daño físico y psicológico, y que conste que no hablo de que los maltratamos, sino que todos vamos a cometer mil errores. Para empezar, el típico que se te cae el bebé de la cama. A todos se nos ha caído un bebé de la cama, yo creo que incluso a la Virgen María se le cayó Jesús de la cama aunque el evangelio omita tan embarazoso detalle.

En lo psicológico es aún peor, cada vez que los regañamos o los ignoramos por estar ocupados en otra cosa no podemos evitar pensar si les estamos causando algún serio trauma. Luego cada vez que encendemos la tele o escuchamos el radio oímos una infinidad de consejos de pseudo terapeutas familiares que nos explican confusas reglas para criar hombres y mujeres de bien. De verdad, si tienes hijos, lo peor que puedes hacer es ver o escuchar esas cosas, lo más seguro es que lo que digan sea todo lo contrario a lo que tú haces así que nada más te vas a sentir culpable el resto del día.

Sucede que no sólo la salud mental de nuestros hijos está en riesgo, también está la salud mental de los padres. El sentimiento de culpa que se puede llegar a acumular es mucho porque nunca se puede saber si lo que estas haciendo está bien. No es como que corregir a nuestros hijos sea un examen y al terminar baje Dios y nos diga cuál fue nuestra calificación y nos dé el manual para que a la próxima pasemos la prueba. Usualmente en las cosas de la vida hay un resultado que te indica si lo hiciste bien, si es un negocio pues ganas dinero, si es en la escuela apruebas y así, pero el tener hijos es algo en lo que siempre vas a ciegas y seguiras a ciegas toda la vida con la esperanza que al final tus hijos te aprecien lo suficiente como para visitarte cuando estes viejo.

En mi opinión como ya dije no importa cuánto lo quieras evitar, cuánto te prepares, cuanto leas o te asesores, por más que vayas a cuanta escuela de padres te encuentres, siempre, siempre, vas a hacerle algo de daño a tus hijos. Así que resignate, tus papás tampoco fueron perfectos y tú sobreviviste y te educaste, digo, mínimo sabes leer. Así que es mejor que disfrutes ser padre o madre y te quites de encima el estrés de la perfección. Para aquellos que tengan hijos mucho ánimo y que sigan disfrutando esta inescrutable, ingrata y maravillosa aventura de ser padres. Para aquellos que aún no los tienen, creanme que deberían animarse porque esto de echar a perder pequeños seres humanos vale muchísimo la pena.

viernes, 1 de mayo de 2009

Sobre la influenza

¿De qué otra cosa se puede hablar en estos días de claustro obligatorio y psicosis colectiva? La verdad ni sé de medicina ni de nada que se le parezca así que no me uniré a los útiles intentos de nuestras autoridades, candidatos y conocidos por darnos a conocer toda la información para prevenir y combatir este mal que nos aqueja. En realidad, quiero comentar los efectos que la epidemia ha tenido en mi salud mental, la cual de por si era escasa.

Es que si no nos mata la epidemia, nos va a matar el aburrimiento. Que conste que apoyo por completo la alerta epidemiológica, pero no cabe duda que esto del encierro no resulta del todo sano. Los afortunados como yo que tenemos hijos, ya estamos al borde de la histeria porque no sabemos qué hacer con ellos. Toda nuestra vida esta planificada alrededor de esas hermosas horas en las que los enanos están en la escuela. Con ellos en casa hay que idear mil y un formas para que se mantengan ocupados. Lo más sencillo es prender la tele y dejarlos que se frían el cerebro todo el día o dejarles que jueguen Halo hasta que se duerman. Sin embargo, todo padre que sigue este camino termina por escuchar esa pequeña voz dentro de sí que le dice que "eso no es sano para los niños". Malditos sean todos los cursos para padres, psicológos de radio, consejeros y similares que nos han metido esas tontas y responsables ideas en la cabeza. Por tanto, debido a tan añejado sentimiento de culpa, nos vemos en la necesidad de idear actividades productivas para que realicen nuestros vástagos porque si simplemente les decimos que no pueden ver tele, lo más seguro es que las actividades que a ellos se les ocurran impliquen un considerable daño a nuestros inmuebles y/o intervención policial.

Además del aburrimiento, se ha incrementado considerablemente el grado de paranoia citadina. Ayer mi madre me comentó que no quiere salir de su casa, pero no por miedo al contagio, sino porque dice que con tapabocas no le puede ver la cara a las personas y se le "figura" que todos son asaltantes. En general este asunto del uso del tapabocas supongo que es muy útil pero genera una dinámica social extraña. Si no lo traes puesto de entrada nadie se te acerca y si toses ya olvidate, eres parte de la dimensión desconocida. Pero si lo traes puesto la cosa no mejora, porque aunque trates de ser amable y de sonreir a los demás pues ni quién se entere que estas sonriendo y todo el mundo te mira con desconfianza.

En conclusión creo que lo mejor es encerrarse con las personas que uno más quiere y lo cual te asegura un mínimo de contacto humano. Aunque el aburrimiento te pueda llevar a conflictos interpersonales más díficiles de resolver en el largo plazo. Si acaso te topas con la mala fortuna de vivir solo pues trata de mantenerte ocupado porque no hay nada peor que tener tiempo para pensar en las cosas en las que siempre debiste haber pensado.

Esperemos que este asunto de la alerta pase pronto y las cosas vuelvan a la normalidad para que la poca lucidez que nos queda se conserve. Lo bueno es que ahora tendremos algo más que contarle a nuestros nietos (si acaso llegamos y la influenza no nos gana antes claro). Les deseo a todos unos felices días de pandemia y mucha salud.